viernes, 25 de noviembre de 2011

Recuerde a Grau, almirante Giampietri

El almirante Luis Giampietri debe haber recordado el domingo, como todos los marinos peruanos, a Miguel Grau.
Y habrá recordado, entonces, que Grau hacía prisioneros y rescataba náufragos y enviaba cartas de condolencia a las viudas de los jefes de la Armada chilena caídos en combate.
Ese era Grau, el mismo Grau que, a pesar del consejo de todos, emprendió proa a Iquique sin haber hecho las reparaciones debidas en el Callao. Porque a finales de setiembre de 1879 ya el Huáscar había hecho todas las proezas que podía esperarse de su capitán, y el Estado Mayor aliado, todavía peruano-boliviano, demandaba que la mágica nave se tomara un descanso, limpiara fondos y curase las averías que el desgaste de los años y la intensidad de su aventura le habían causado.
No olvidemos que el Huáscar había sido adquirido en astilleros ingleses en 1864, a la luz del conflicto creado por el neoimperialismo español «y justamente para defender a Chile, conforme el pacto de alianza de Prado, todo lo cual fue echado al olvido por el país del sur a la hora de apoderarse de nuestro suelo», según escribe Mariano Felipe Paz Soldán en su insuperable Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia.
No olvidemos también que el Huáscar tenía 300 caballos de fuerza mientras que el Cochrane y el Blanco Encalada, blindados chilenos construidos en 1875, tenían 2.920 caballos de fuerza. El Huáscar podía desplazar 1.300 toneladas. Los barcos chilenos podían con 3.560 toneladas. El Huáscar tenía dos cañones Armstrong de 300 libras. El Cochrane y el Blanco Encalada tenían seis cañones de 250 libras, otros de menor calibre y ametralladoras para el combate cercano. La munición artillera de los blindados chilenos era de acero perforante, ventaja de la que también careció el Huáscar. Y, sin embargo, este barco, ya anacrónico en 1879, llegó a jaquear y a desesperar a la arrogante Armada chilena, al punto de que el jefe de la Armada del sur, Galvarino Riveros, recibe del ministro de Guerra la orden de usar toda la flota para acorralar y hundir al Huáscar. En efecto, a la hora de la celada, intervinieron el Blanco Encalada, la Covadonga, el Cousiño, el Cochrane, la O’Higgins y el Loa. ¡La Armada invencible en versión pirata! Chile sabía que, muerto Grau, el camino hacia la invasión de Lima y el saqueo de la odiada capital quedarían allanados.
Habrá recordado el almirante Luis Giampietri que Grau murió, destrozado, cumpliendo su deber. Para recordar cómo fue esa muerte digna que el destino juzgó inexorable recordemos las palabras de un periodista chileno, el corresponsal de guerra de El Mercurio, de Valparaíso:
«Los efectos del otro proyectil fueron todavía más terribles. Dando de lleno al lado de estribor de la torre de combate del comandante, hizo en ella un grande agujero y fue a azotar contra la pared del lado opuesto [...]. Al comandante Grau [...] lo destrozó instantáneamente. Todo lo que quedó de él fue el pie derecho y una parte de la pierna, algunos dientes incrustados en el maderamen interior, y menudos trozos confundidos con los hacinados restos de la torre. Eran las 9 y 32 de la mañana» (crónica publicada el 12 de octubre, vía telégrafo, por El Mercurio de la capital chilena).
Así mueren los que se asoman al mayor de los corajes: al del deber cumplido. ¡Y pensar que el Huáscar, agujereado por todas partes, acribillado desde todos los ángulos, resistió hasta las 10 y 55 de aquella mañana! ¡Una hora y 13 minutos de resistencia admirable en la que se sucedieron, al mando de la nave mártir y luego de la muerte de Grau, Aguirre, Ferré, Rodríguez y Carbajal, todos muertos en su puesto de mando!
Dejemos que el corresponsal chileno de El Mercurio nos cuente el final de la historia:
«Al abordar al Huáscar el primer bote chileno [del Cochrane] estaban todos los oficiales peruanos sobre la cubierta, pero ninguno de ellos entregó su espada, porque momentos antes las habían arrojado al agua. Algunos de ellos, entre los cuales se cuenta el oficial de la guarnición, gritaban: ‘¡Los peruanos no se rinden!’. El capitán Peña, que iba animado de la intención de dejarlos en posesión de sus espadas, pues bien lo merecía aquella porfiada resistencia, les dijo en tono seco: Tienen ustedes cinco minutos para embarcarse en el bote [...]. Por todo el interior del Huáscar no se podía dar un paso sin tropezar con algún resto humano y materialmente se chapoteaba en la sangre...».
¿Qué pensaría Grau de marinos que matan a rendidos? ¿Qué pensaría de un compañero de armas tan valiente con los desarmados? ¿Y qué pensaría Grau de un gobierno tan netamente subordinado a Chile, no en nombre de la paz sino en nombre de la cobardía y los complejos, esos complejos que Grau odió y contradijo con su muerte, esos complejos que el doctor García encarna con la más absoluta perfección, el papelote encarna con históricos precedentes, la televisión encarna con su amnesia conveniente y la prensa, en general, encarna con su minuciosa ignorancia sobre el pasado? El contralmirante Grau nos mira y se avergüenza. Él también quiso la paz de los dignos.

La Primera, 10 de octubre del 2006.

César Hildebrandt



Hoy decidí publicar algunos artículos escritos por uno de nuestros grandes periodistas, de los pocos que tenemos por no decir ÚNICO, para el deleite de aquellos que no pudieron comprar el último libro de Tierra Nueva Editores: Una piedra en el zapato
Columnas de opinión (2006-2011)


Solo publicaré los que, a mi parecer, son los mejores del libro. Ojalá sea de su agrado.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Si realmente...

Porque si realmente me amaras todo sería diferente. Si hubieras cambiado, ahora serías distinto. Me respetarías por lo que soy, tu novia o enamorada, como quieras llamarme. Tendrías cuidado, medirías tus palabras y tus acciones. Me tratarías como debe ser, irías más allá de lo que eres y lo que haces. Tratarías de llevar las cosas con calma. No permitirías que nada malo me pase y mucho menos que me sienta mal. Estarías atento a todo lo que me pasa. A lo que te pasa. Harías las cosas correctamente y tomarías decisiones correctas. No permitirías que esta relación se vaya al carajo. No dejarías que un día sea bueno y otro malo. Harías lo posible para que todos los días sean buenos. Y si todo eso fuera verdad, te juro que yo también sería diferente. No estaría pensando que tal vez mañana pase lo mismo, que volveremos a terminar y pasar por lo mismo una y otra vez. No te mereces eso y yo menos. Si me amaras y me entendieras te juro que la relación no sería una costumbre. Seríamos felices y todo nos saldría perfectamente bien. No te extrañaría porque sé que te tengo física, emocional y mentalmente. NO dudaría de nada y menos de ti.

Y sí, todos tenemos problemas. Pero si amamos a una persona y ella está a nuestro lado sería como un soporte, ese tronquito de madera que impide que terminemos en el piso, derrotados por todo, por los problemas. y yo quiero ser eso para ti, como también quiero que tú lo seas para mí. Pero eres tan ciego que no lo ves así, y sin que te des cuenta lo buscas en otras cosas y en otras personas.

No sé qué necesito. Ni qué quiero. Ni a dónde voy. Cuando más necesito a alguien, no los veo junto a mí.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Sin título, señor.

Día uno.
30 de agosto de 2011

Miento. Es día seis.

No quiero que al leer esto sienta obligación de algo. Solo deseo que sienta cualquiera de estos sentimientos:
Culpa

Remordimiento
Angustia
Ganas de llorar
Golpearse
Llamarme
Escribirme
Decir que es un IMBECIL y por último:
No buscar a la tal Paola esa

Todo es por gusto, no creo que hagas los ocho primeros, el último tal vez sí. A no ser que ya lo hayas hecho.


Me asusta bastante la idea de estar sola. Me acostumbré a él y a sus vicios. Definitivamente eso no es bueno. Hay amor, y en demasía, pero no es suficiente. No lo hace más llevadero, lo hace más difícil.


Me aferro a la idea de que podamos regresar como siempre, después de pelear por lo mismo cada uno o dos meses. Ahora trato de comprender que ya no será así. No porque yo lo piense o lo haya decidido por mi misma; sino porque tú me lo dijiste. Tú lo quieres así. Tú lo decidiste. Una decisión correcta, un puntito más para que tu barra de madurez aumente y tal vez llegues al cien por ciento.


¿Por qué día seis? Porque la situación se tornó oscura desde el jueves, no quiero ahondar en ese tema pero no puedo evitarlo: extrañando a tu ex. « ¡DIOS! INSÍSTEME A MÍ, DIME QUE TE MUERES POR VERME, QUE ME EXTRAÑAS Y QUE MUERES POR VERME». Ahora sí, no sabes como deseo que alguno de mis “ex” me hable de esa manera como tú lo haces con ella. Sería pajita, un poco, solo un poco. Quizá ahora sería bueno que alguno de ellos me hable así, así despejaría mi mente un poco de ti, de tu recuerdo. Sé que no pasará. No soy buena en esa cuestión de atracciones, tal vez sí atraigo a algunos chicos, como un imán; pero para ser solo amigos. Tengo muchos “amigos” que solo me ven como “una amiga más” no como un ser con la que se pueda intentar algo serio. No es momento para hablar de atracciones físicas entre los hombres y YO.


Suelo ser buena escribiendo, es por eso que hago todo esto. Seguro que de esta manera podrás ver un poco más allá de mis palabras. De mis discursos repetitivos, constantes; gracias a ellos me he convertido en un disco rayado o en esos discos en los que solo funciona el lado B.


Claro que eso aburre, cansa y atormenta. Es por eso que apagas el celular, es por eso que buscas en otra la tranquilidad que yo no te doy por mis constantes quejas. Pero si ella te conociera como yo te conozco, deberías agregarle a la lista de “DESCARTADAS POR QUEJONAS Y ABURRIDAS”. Eso sonó gracioso. Ahora me estoy riendo. Jajaja. Ja…a a.


No sé tú, pero yo te extraño, y he llorado como no sabes. Sientes ese vacío antes de irte a dormir y justo es ese mismo sentimiento que te despierta. Lo voy a mirar por el lado positivo: funciona como una alarma biológica. Me despierta temprano. Eso significa que ahora sí llegaré a las 9:30 al Fondo Editorial.


No vas a poder evitar que llore, que sufra un poco, que me martirice todas las noches y todas las mañanas. Te amo y esto ha ido un poco lejos. Porque también ahora te necesito. No quiero que todo esto que siento se transforme en una enfermedad crónica. De todas maneras más tarde que pronto desaparecerá. Desearía que fuera YA, YA, pero todo esto es muy profundo. No sé qué sientes tú por mí. Ya no estoy segura si es que realmente me amas o me has amado. Tal vez lo sentiste en su momento. Quizá dices que aún me amas para no hacerme sentir mal. Intento fallido: ya me siento demasiado mal.


Bueno, un tema más: Facebook. ¿Desde cuando dejaste de comentar mis fotos, de hacer click en “Me gusta”, de publicar algo bonito en mi muro? No es por nada pero llevo la cuenta casi exacta: unos dos meses. Eras el que más comentaba mis estados, las imágenes que colgaba, aunque no lo creas. Tus comentarios eran los más esperados, así tipo primicia.


Cuántas cosas dijiste, me prometiste, y solo algunas se hicieron realidad, pero el aire se los llevó. Como si no importaran. Yo me siento frustrada. Un poco decepcionada y cojuda en el sentido que te aprovechaste de mi ingenuidad y de mi excesiva confianza puesta en ti. Pero esto ES UN CHOQUE FRONTAL CONTRA LA REALIDAD, tenía que llegar en cualquier momento. No eres perfecto (disculpa, te idealicé un poco), y nunca lo serás. Ni siquiera lo podrás intentar porque, admítelo, tu sistema emocional está atrofiado.


Te amo, por ahora; ojalá tú también me ames. La gente dice que cuando ya eres adulto es muy difícil que la gente cambie o intente cambiar: su forma de ser, sus hábitos, etcétera. Trata de hacerlo (por enésima vez te lo escribo). Trata, nada pierdes intentando.


Ojalá el trago y tú se vayan rapidito a la mierda.


P.s. En uno de esos fines de semana que te quedaste en mi casa te pregunté si cada vez o algunas veces que nos veíamos en la universidad o en algún lugar, no sentías como nervios o como lo llaman “mariposas en el estómago”. Es muy raro, creo, que en una relación que ya llevan bastante tiempo aún sientan eso por la otra persona. Tú dijiste que no sentías eso, para nada. Eso demuestra que no estás enamorado de mí, tanto como yo lo estoy de ti. Porque yo siento todas esas cosquillitas en el estómago cada vez que nos vamos a ver. ODIO ESTAR ENAMORADA.

Tortuga




jueves, 18 de agosto de 2011

La señora Diana P.

La mañana y parte de la tarde de hoy (exáctamente son las 3:27pm)me ha resultado un poco "movidito". Lo que me acaba de ocurrir hacer 1 minuto algo nada convencional: una de las personas que trabajan en el Fondo Editorial me ha dirigido la palabra después de casi 1 año y seis meses. La señora (la llamo señora porque tiene tres hjos, es casada. Nada más. Porque tiene una piel esbelta y un cuerpo atractivo. La señora Diana P. me ha sorprendido con un comentario muy agradable respecto a mi cambio de look: "Tienes nuevo corte. Te queda muy bien. Está muy bonito". Ok, genial. Fue todo lo que dijo y se marcho sin decir más.

Me sorprende porque siempre que llego, saludo a todos pero ella es la única que no me respode (rara vez lo hace); no lo tomo como mala educación porque sé que no lo hace con esa intención.

Tengo que agregar que el ambiente se torna un poco tenso ya que mi jefe anda discutiendo con el personal. Como siempre. El clima es frío, helado. Merezco una taza de café. Sé que no lo tendré.




¿Por qué diablos coloco esta imagen?

F I N