viernes, 12 de octubre de 2012
LPFashionPhilosophy: Never Gets Old
LPFashionPhilosophy: Never Gets Old: Beat up tanks and vintage tee's, thrifted from any and everywhere we've ever traveled. Mixing and matching old and broken-in, with new...
jueves, 31 de mayo de 2012
Pas avec Toi
No sé, no sé nada. Solo sé que te extraño; pero sé que cada uno ya debe seguir su camino. Mientras pasan los días me convenzo que lo nuestro o lo que alguna vez hubo aquí ya no volverá. No hablamos, no sé nada de ti, y a ti ni te importa saber cómo estoy. Cada día que pasa, tu egoísmo se hace más fuerte, y te siento más lejos. Sé que dije que ya no te enviaría mensaje alguno, pero mentí. Mentí porque no puedo evitar extrañarte, y es horrible ver cómo yo me desarmo frente a ti y tú no eres capaz de hacer nada, de no decirme nada, de no hacer lo que quiero al menos por una vez en todo este tiempo. Dónde estás? qué haces? en qué piensas? cuando te necesito...
Desapareces, te alejas, me reclamas a tu lado, luego me dejas a un lado. Te quiero ahora conmigo, en este momento (estoy exagerando)... Te extraño como no sabes... Yo también quiero olvidar el pasado, olvidarte como tú lo haces, ser fría y todo como ´tu eres, como tú me dijiste que eres...
Te amo (o seguro lo estoy confundiendo con "costumbre"), te extraño (otra vez), y no me aburre ni me cansa ser así...
Demuestra con hechos lo que escribes y dices (aunque las cosas feas que me dices ya lo demuestras con hechos), lo malo aquí es que lo BUENO NUNCA LO DEMUESTRAS.
Te ext...
Parte 1:
Una historia media freaky emocional-sentimental-romance-fatídico. Tengo 22 años y ya sufro de amor, y he sentido en lo más profundo de mi ser que una parte de mí se ha ido, se ha muerto (exageración). No sé por qué tanto se demora "el tiempo" para curar mis heridas,borrar mi tristeza, pelear contra los recuerdos, contra el pasado. Estoy perdiendo la batalla, perdiendo la GUERRA, perdiendo contra tu mala acción, conducta y egoísmo. Hoy que fui al dentista, amanecí con un eve sentimiento de tristeza, pero como una ráfaga, una chispita de alegría se "metió" contra ella. Todo bien, entonces. Varias horas después, ya saliendo del dentista, la tristeza volvió y se mezcló con la anestesia.
Esa sensación de costumbre, de sentir que estás con alguien no por amor...
viernes, 2 de marzo de 2012
Hola, quiero ser tu Cummunity Manager

L: Hola profe, qué tal? Bueno, le escribo porque quiero ser Community Manager y todo eso sobre redes sociales. A lo que voy es, ¿qué es lo que debo saber? ¿cómo y dónde? Sé que hemos llevado, en el curso de Comunicación de Marketing algo sobre estos temas, pero quiero profundizar y saber más. Le agradecería mucho la información que usted pueda brindarme.
Gracias
Saludos
P: Hola Lizeth,
Mira, ser Community Manager no es difícil, primero tienes que instalarte en una empresa, hoy en día las Pymes necesitan mucho de Community Managers... Lo primeor que debes tener es un dominido de las dos principales redes sociales: Fb y Twitter..... segundo, debes tener todo el tiempo del mundo para poder administrar ambas cuentas a la vez y generar muchos contactos... hasta allí es muy sencillo. Tercero, debes tene rmucha capacidad de Blogger para crear contenidos que subirás en tus redes sociales y debes también tener mucho tiempopara crear estos contenidos y actualizarlos cada cuando, responder comentarios, crear ideas lúdicas, etc, etc, etc....
Finalmente, para poder llevar acabo todo lo mencionado, debes empaparte hasta el alma de la cultura organizacional de la empresa para la que trabajes, eso incluye sus productos y servicios, misión, visión, tipos y perfiles de consumidores, aspiraciones a nuevos mercados... etc.... todo lo que te estoy mencionando es en realidad lo que necesitas para empezar a ser una community manager.... si necesitas algún otro tipo de asesoramiento.... avísame...
Saludos
No sé qué me está pasando, he de creer que todo empezó hace una semana que una amiga del Facebook posteó en su muro "Comunicadores en busca de chamba denle Like a esto y te mando un mensajin!!". Yo emocionada, le escribí y le mandé mi CV. ME comentó que en la agencia donde labora estaban buscando un Community Manager, yo le dije que bueno NO SABÍA QUE ERA ESO EXACTAMENTE, a lo que ella replicó: "¿alguna vez has manejado redes sociales? Mete q sabes usar twitter, blogspot, wordpress, todo lo q sepas relacionado a redes sociales". Y lo hice, claro está.
Tras días de no tanta angustia, le envié un tweet preguntándole si es que algún día me llamarían. "@LizethTortuga jaja creo que no :( lo siento". No me sentí ni triste, ni frustrada, solo me quedó la pica de saber qué es realmente ser un Community Manager. Decidí enviarle, entonces, a mi antiguo profesor de Comunicación de MArketing un mensaje preguntándole mis dudas sobre este nuevo boom en las agenica s de publicidad, y qué es lo que yo debía hacer para convertirme en una CM. La respuesta está arriba.
Tortuga
viernes, 25 de noviembre de 2011
Misfits T-shirt
Pinochet tuvo una madre
La muerte de Augusto Pinochet es una redundancia. Hacía tiempo que el basurero de la historia lo había acogido como despojo de la Guerra Fría y Franco de caricatura en un remate de anticuario falaz.
Pinochet ya era esperpéntico aun para la derecha chilena, que instigó sus crímenes y los avaló pero que, al final, no pudo tolerar la idea de verlo como un vulgar ladrón, con 28 millones de dólares en cuentas cifradas y heterónimas del banco norteamericano Riggs.
Solo el fujimorismo mosqueado de estas tierras, con el director de La Razón a la cabeza y Santiago Fujimori haciendo otra vez de rabo, han saludado la desaparición física de este monstruo y han recordado sus servicios «a la economía de mercado y al modelo que llevó al éxito a Chile». Con ello reconocen la entraña podrida del neoliberalismo radical, maridado para siempre, desde Pinochet, con la sangre de los muertos y el misterio insoportable de los desaparecidos.
Pinochet ha muerto sin estar un solo día preso. Y sin pedir perdón «por los excesos». Ha muerto, entonces, en su ley de chacal y en la relativa inmunidad que se inventó la transición chilena para no provocar a los militares, o sea, a Pinochet.
Porque si ha habido una transición sudorosa, intimidada y pasmada, esa ha sido la chilena. Y la culpa no fue, en este caso, de Pinochet sino de la propia Concertación, donde late, como llaga del pasado, la Democracia Cristiana, el partido que organizó políticamente el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973.
Pinochet tuvo padre y madre. Y si su padre fue la vieja derecha chilena, familiarizada con la sangre de los débiles desde que los pelucones la encarnaban, su madre fue la docta y centrista Democracia Cristiana.
Recordemos: en agosto de 1973 el golpismo chileno necesitaba de una luz verde política. Se la dio la Democracia Cristiana, que integraba, en ese momento, la fascista Confederación Democrática (Code). El otro participante de esa entidad, creada solo para el propósito golpista, era el Partido Nacional, embarcado en la sedición desde el momento mismo en que Salvador Allende asumió el poder.
Pues bien, en el Parlamento chileno, en agosto de 1973, la Democracia Cristiana y su pareja circunstancial evacuaron el famoso acuerdo que llamaba a los ministros militares a retirarse de sus carteras y consideraba constitucionalmente ilegítimo al gobierno de la Unidad Popular. Era el guiño que el almirante Patricio Carvajal, coordinador del golpe, necesitaba para emprender los últimos operativos. Con el aval del Congreso, la maquinaria de guerra del fascismo no requería de otro salvoconducto.
En su imprescindible libro Yo, Augusto, Ernesto Ekáizer cuenta que Carlos Prats González, el comandante general del Ejército que había renunciado el 23 de agosto de 1973 por presión de los generales conspiradores, tenía tanto temor de lo bestial que podía ser el golpe, que a tres días de su ejecución, el sábado 8 de setiembre, fue a visitar al único hombre que, según su percepción, podía parar la masacre de la democracia.
En efecto, aquel sábado Carlos Prats, que había recomendado a Pinochet como su sucesor «por su lealtad institucional», visitó a Eduardo Frei Montalva, el patriarca de la Democracia Cristiana, el expresidente de la República, el personaje más influyente de la política chilena en ese momento desde su puesto de presidente del Senado —puesto para el que fuera elegido el 23 de mayo de 1973—.
Así relata Ekáizer la escena:
«Prats razonó que la situación política del gobierno de Allende era terminal. El golpe militar era cuestión de días. Y ello implicaba un enfrentamiento fratricida con graves consecuencias. El general le dijo que, tal como él lo veía, si alguien podía evitarlo, ese era él...: Eduardo Frei Montalva...».
«No obtuvo Prats palabras por respuesta. El expresidente Frei bajó la cabeza [...] (Prats insistió y Frei volvió a repetir la escena) [...]. Carlos Prats abandonó la casa de Frei con la convicción de que el expresidente había llegado demasiado lejos como para enfrentarse al golpe de Estado que se fraguaba. Frei no cambiaría de caballo a mitad del río».
Cuenta Ekáizer, periodista de origen argentino nacionalizado español y uno de los mejores cronistas del diario El País, que Prats salió de esa casa lúgubre ansioso por hablar con Allende. Se encontraron, junto a otros personajes del régimen allendista, en la casa de Miria Contreras, la Payita, secretaria y amante de Allende:
—He visitado a Frei. Me temo que no hay nada que hacer —le dijo Prats al presidente.
Y añadió:
—Le insistí en que él era la única persona que podía parar el golpe [...]. Y en las dos oportunidades pude ver cómo apartaba la vista y miraba hacia abajo.
Años más tarde, muchos más tarde, Eduardo Frei Tagle, el hijo del golpista Eduardo Frei Montalva, era el presidente de la República de Chile. Y cuando capturaron a Pinochet en Londres y lo retuvieron, por orden del juez Baltazar Garzón, 503 días, adivinen qué hizo Frei Tagle: luchar con todas las fuerzas del Estado para que Gran Bretaña liberara al socio de su padre, a la alimaña que su padre contribuyó a crear en los laboratorios virales de la CIA. Así honró la memoria de su señor padre y el pasado de la Democracia Cristiana. Y adivinen quién ayudó decisivamente a que el juez Garzón no insistiera, en un momento clave del proceso, en el expediente del arraigo de Pinochet en Londres: el gobierno de Aznar, primo hermano de la Democracia Cristiana chilena.
Pinochet tuvo un padre pero también una madre. Y esa señora tan poco santa fue la Democracia Cristiana, coautora del golpe y perdonada, entre sollozos y cálculos, por los socialistas de pacotilla del presente. Socialistas que Allende no habría dejado entrar a La Moneda aquel 11 de setiembre. No habrían sido dignos de acompañarlo.
La Primera, 12 de diciembre del 2006.
Pinochet ya era esperpéntico aun para la derecha chilena, que instigó sus crímenes y los avaló pero que, al final, no pudo tolerar la idea de verlo como un vulgar ladrón, con 28 millones de dólares en cuentas cifradas y heterónimas del banco norteamericano Riggs.
Solo el fujimorismo mosqueado de estas tierras, con el director de La Razón a la cabeza y Santiago Fujimori haciendo otra vez de rabo, han saludado la desaparición física de este monstruo y han recordado sus servicios «a la economía de mercado y al modelo que llevó al éxito a Chile». Con ello reconocen la entraña podrida del neoliberalismo radical, maridado para siempre, desde Pinochet, con la sangre de los muertos y el misterio insoportable de los desaparecidos.
Pinochet ha muerto sin estar un solo día preso. Y sin pedir perdón «por los excesos». Ha muerto, entonces, en su ley de chacal y en la relativa inmunidad que se inventó la transición chilena para no provocar a los militares, o sea, a Pinochet.
Porque si ha habido una transición sudorosa, intimidada y pasmada, esa ha sido la chilena. Y la culpa no fue, en este caso, de Pinochet sino de la propia Concertación, donde late, como llaga del pasado, la Democracia Cristiana, el partido que organizó políticamente el golpe de Estado del 11 de setiembre de 1973.
Pinochet tuvo padre y madre. Y si su padre fue la vieja derecha chilena, familiarizada con la sangre de los débiles desde que los pelucones la encarnaban, su madre fue la docta y centrista Democracia Cristiana.
Recordemos: en agosto de 1973 el golpismo chileno necesitaba de una luz verde política. Se la dio la Democracia Cristiana, que integraba, en ese momento, la fascista Confederación Democrática (Code). El otro participante de esa entidad, creada solo para el propósito golpista, era el Partido Nacional, embarcado en la sedición desde el momento mismo en que Salvador Allende asumió el poder.
Pues bien, en el Parlamento chileno, en agosto de 1973, la Democracia Cristiana y su pareja circunstancial evacuaron el famoso acuerdo que llamaba a los ministros militares a retirarse de sus carteras y consideraba constitucionalmente ilegítimo al gobierno de la Unidad Popular. Era el guiño que el almirante Patricio Carvajal, coordinador del golpe, necesitaba para emprender los últimos operativos. Con el aval del Congreso, la maquinaria de guerra del fascismo no requería de otro salvoconducto.
En su imprescindible libro Yo, Augusto, Ernesto Ekáizer cuenta que Carlos Prats González, el comandante general del Ejército que había renunciado el 23 de agosto de 1973 por presión de los generales conspiradores, tenía tanto temor de lo bestial que podía ser el golpe, que a tres días de su ejecución, el sábado 8 de setiembre, fue a visitar al único hombre que, según su percepción, podía parar la masacre de la democracia.
En efecto, aquel sábado Carlos Prats, que había recomendado a Pinochet como su sucesor «por su lealtad institucional», visitó a Eduardo Frei Montalva, el patriarca de la Democracia Cristiana, el expresidente de la República, el personaje más influyente de la política chilena en ese momento desde su puesto de presidente del Senado —puesto para el que fuera elegido el 23 de mayo de 1973—.
Así relata Ekáizer la escena:
«Prats razonó que la situación política del gobierno de Allende era terminal. El golpe militar era cuestión de días. Y ello implicaba un enfrentamiento fratricida con graves consecuencias. El general le dijo que, tal como él lo veía, si alguien podía evitarlo, ese era él...: Eduardo Frei Montalva...».
«No obtuvo Prats palabras por respuesta. El expresidente Frei bajó la cabeza [...] (Prats insistió y Frei volvió a repetir la escena) [...]. Carlos Prats abandonó la casa de Frei con la convicción de que el expresidente había llegado demasiado lejos como para enfrentarse al golpe de Estado que se fraguaba. Frei no cambiaría de caballo a mitad del río».
Cuenta Ekáizer, periodista de origen argentino nacionalizado español y uno de los mejores cronistas del diario El País, que Prats salió de esa casa lúgubre ansioso por hablar con Allende. Se encontraron, junto a otros personajes del régimen allendista, en la casa de Miria Contreras, la Payita, secretaria y amante de Allende:
—He visitado a Frei. Me temo que no hay nada que hacer —le dijo Prats al presidente.
Y añadió:
—Le insistí en que él era la única persona que podía parar el golpe [...]. Y en las dos oportunidades pude ver cómo apartaba la vista y miraba hacia abajo.
Años más tarde, muchos más tarde, Eduardo Frei Tagle, el hijo del golpista Eduardo Frei Montalva, era el presidente de la República de Chile. Y cuando capturaron a Pinochet en Londres y lo retuvieron, por orden del juez Baltazar Garzón, 503 días, adivinen qué hizo Frei Tagle: luchar con todas las fuerzas del Estado para que Gran Bretaña liberara al socio de su padre, a la alimaña que su padre contribuyó a crear en los laboratorios virales de la CIA. Así honró la memoria de su señor padre y el pasado de la Democracia Cristiana. Y adivinen quién ayudó decisivamente a que el juez Garzón no insistiera, en un momento clave del proceso, en el expediente del arraigo de Pinochet en Londres: el gobierno de Aznar, primo hermano de la Democracia Cristiana chilena.
Pinochet tuvo un padre pero también una madre. Y esa señora tan poco santa fue la Democracia Cristiana, coautora del golpe y perdonada, entre sollozos y cálculos, por los socialistas de pacotilla del presente. Socialistas que Allende no habría dejado entrar a La Moneda aquel 11 de setiembre. No habrían sido dignos de acompañarlo.
La Primera, 12 de diciembre del 2006.
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